La fiesta del santito milagroso “San La Muerte” (Lic. Juano Romero)

CqORmyhW8AAaTZv-1.jpgEl santito, san la muerte, cada 20 de agosto, reúne a muchas familias, donde se festeja su día en la localidad de Empedrado Corrientes, con muchos rituales de agradecimientos a través de la música, la danza, procesiones, ofrendas. En este contexto es parte de la identidad folklórica de la zona.

Si bien para este santo existen muchas discusiones en cuanto a su origen, se dice  deriva una  leyenda guaraní. Un brujo que ayudaba a la gente y tras el castigo de los jesuitas es hallado como figura esquelética en un calabozo. Con el tiempo las tradiciones son arraigadas con el sincretismo de la religión católica.  De origen y fechas podríamos tener un artículo aparte, pero en este intentaremos desarrollar lo acontecido en las celebraciones del 20 de Agosto del 2016.

Al lugar llegaron micros provenientes de diversos puntos de Argentina, llegaban el día 19 con un coordinador, que puede ser un sanador que invoca al “santito” para sanar a los que lo requieran. También se acercan muchas personas en motocicletas, autos particulares, bicicleta y a caballo.

La fiesta se realiza en la casa de la familia Barrios quienes son los dueños de la imagen de 9 cm de oro, que antiguamente fue encontrada por Manuel Barrios el abuelo de la familia. A este Señor La Muerte se le atribuyen muchos milagros, que trascendieron a nivel local, para luego expandirse a todo el país y países limítrofes.

Las familias cumplen un rol fundamental en el desarrollo de la fiesta. San La Muerte deja de tener esa figura tenebrosa y diabólica, y se resignifica como llegada a Dios. La simbología es variada, ya que las imágenes que cada persona posee difiere a la que posee la familia Barrios, al igual que existen pocas replicas de la misma. Bonfil Batalla (1981) nos decía que “los elementos culturales son ajenos, en el sentido que su producción y/o reproducción no está bajo el control cultural del grupo, pero este lo usa y decide sobre ellos”

 

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Alrededor de la  capilla se juntan diferentes sanadores que, ofrecen sus servicios espirituales, y diferentes puesteros que exhiben todo tipo de objetos alusivos al culto. Este año se pudo ver muchos curanderos y ocurrieron cosas que dieron que hablar a los devotos allegados a la fiesta. A uno se le quemo la carpa, a otro se le cayó el altar con el santo, y a un tercero se le rompió la imagen al acercarse al santuario. De esta manera se le dio diferentes tipos de interpretaciones , como a la del enojo del santo por alguna causa.

Otra noticia fue el fallecimiento de Miguel Vallejos, previo a la fiesta, un sanador que desde el año 2001, llevaba más de tres micros con un grupo de fieles desde Fiorito provincia de Buenos Aires.  A pesar de esto, sus hijos dieron  impulso al proyecto que venían realizando hace más de 10 años.

Los  rituales, no vimos alguno que se especifico, ya que en esta devoción al santo tiene el carácter es muy personal, en donde cada uno da significado según lo que sienta. La música, la danza, el santo rosario y la procesión; pueden ser ubicados como narrativa simbólica en común para el devoto.

Las imágenes del santo que se pudieron ver estaban hechas de muchos materiales, al igual que la representación del mismo, ya que lo importante era tener una figura esquelética que represente lo represente.  Podemos citar en este caso lo que nos dice Palleiro (2008)  “los elementos son las regularidades secuenciales que conforman el rito, llevado a cabo por sus participantes o performers tanto en manifestaciones espontáneas de diversa índole como prácticas religiosas canónicas, relacionadas en este caso como una festividad del santo”.

A las 12 AM del 20 de Agosto se sintieron los fuegos artificiales, y música festiva en su honor. La fiesta mayor se dio en el salón con muchos artistas participando y finalizando a las 5 AM. Esto se configuro en un tono armónico y de comunión conjunta. En la baile chamamecero, que es reunión danzante en donde el santo era el homenajeado en la velada.

La procesión estuvo muy festiva como todos los años en donde los rezadores van orando y un grupo de chamameceros (grupo folklórico correntino) no para de tocar durante el recorrido hasta la ermita de la virgen del valle. La multitud se agolpa delante del vehículo tratando de acercar su imagen personal de San La Muerte, u objeto de valor para que sea bendecido por el santito. Las ofrendas a la imagen van desde oro, dinero, velas; whiskies.

La fiesta continua por todo el día, a la vuelta un grupo de creyentes de Buenos Aires,  pasa por el santuario del gauchito Gil, donde ya pusieron una imagen de más de un metro y medio de Santito a la derecha del lugar de veneración mayor. Se considera a este el primer devoto de San La Muerte. También se pasa por otro de Solari Corrientes, un lugar con características muy diferentes al de Empedrado, que lo desarrollaremos en otro capítulo.

Varios estudios han indicado que este culto está asociado a la delincuencia y el “satanismo”, podremos pensar en una nueva hipótesis. San La Muerte es una expresión de religiosidad popular que expresa las realidades espirituales vinculadas con expresiones identitarias, los devotos se congregan en su honor en una tensión dinámica con manifestaciones religiosas canónicas. Más allá de toda estigmatización está asociado con situaciones de peligro, y se constituye como un fenómeno folklórico vigente en la actualidad, con una estética propia que despliega aspectos diferenciales de la cultura de grupos humanos diversos.

La devoción a San La Muerte se comprende como un fenómeno religioso que si podríamos definir como expresión de Religiosidad Popular que perdura en el tiempo. Las familias comentan que este santo está presente en la vida sin importar que sea lo que se diga sobre él y sienten que no es una imagen tenebrosa. También se pudo notar el carácter pacífico del devoto y como cada estado de devoción es particular, ya que se lo constituye como medio de conexión con Dios. Este culto tiene una fuerza de expresión de identidades a través de cada testimonio personal.

De esta manera podemos concluir que es una manifestación folklórica vigente sin importar la religión dominante porque el pueblo la toma, la reelabora y lo vuelve a tomar de generación en generación.

1.  Bonfil Batalla, G. (1981) ‘Lo propio y lo ajeno: una aproximación al problema de control cultural,’ Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, no.
2. PALLEIRO, MARÍA INÉS San Patricio en Buenos Aires: narrativa, celebraciones y migración Lugar: Buenos Aires; Año: 2011; p. 452

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